La RSE

Una empresa es socialmente responsable cuando responde satisfactoriamente a las expectativas que sobre su funcionamiento tienen los distintos grupos de interés.

La RSE se refiere a cómo las empresas son gobernadas respecto a los intereses de sus trabajadores, sus clientes, proveedores, sus accionistas y su impacto ecológico y social en la sociedad en general, es decir, a una gestión de la empresa que respeta a todos sus grupos de interés y supone un planteamiento de tipo estratégico que debe formar parte de la gestión cotidiana de la toma de decisiones y de las operaciones de toda la organización, creando valor en el largo plazo y contribuyendo significativamente a la obtención de ventajas competitivas duraderas. De ahí la importancia de que tanto los órganos de gobierno como la dirección de las empresas asuman la perspectiva de la RSE.

RSE

Ventajas de ser una empresa socialmente responsable

Como señalaba hace poco tiempo el influyente The Economist, “la RSE parece haber ganado definitivamente la batalla de las ideas”.

Pero es que además, esta misma conclusión se ha ido abriendo paso entre los principales ejecutivos de las más importantes empresas españolas y europeas. De igual forma que hace medio siglo las empresas desarrollaban su actividad sin tener en cuenta el marketing o que hace tres décadas la calidad no formaba parte de las orientaciones principales de la actuación empresarial, hoy en día las empresas son cada vez más conscientes de la necesidad de incorporar las preocupaciones sociales, laborales, medioambientales y de derechos humanos, como parte de su estrategia de negocio.

En el Informe Forética sobre la “Evolución de la Responsabilidad Social de las Empresas en España” se señalaban entre otros datos fundamentales:

Mayoritariamente las empresas consideran que la práctica de la responsabilidad social es una apuesta ganadora tanto para la empresa, como para lo sociedad en su conjunto (81% de respuestas afirmativas).

Igualmente para el 71% de los directivos la RSE no es una moda, considerando casi en el 90 % de los casos que su importancia en el futuro será mayor o igual que la actual.
El 69% de los encuestados la entiende como prácticamente obligatoria a pesar de que no existe ninguna disposición legal que contemple de manera general la RSE.
Y si en el Informe Forética de 2004 el 52% de los directivos consideraba a la RSE como un factor clave en el éxito de sus negocios, en el año 2006, este porcentaje alcanzaba ya el 68,2%. Y todo ello porque el 39% de las empresas considera que sus clientes toman en cuenta su RSE en sus decisiones de compra, y uno de cada dos piensa que a igualdad de condiciones, las políticas de RSE pueden inclinar la balanza en su contra o a su favor.
Finalmente, y por lo que se refiere a los consumidores, este mismo Informe señala como para los ciudadanos españoles, la RSE es el segundo factor en importancia a la hora de valorar una empresa por detrás del factor servicios -precio, calidad, etc.-. Por eso 9 de cada 10 personas están dispuestas a penalizar actitudes corporativas irresponsables.
En definitiva, hoy parece incuestionable que un comportamiento socialmente responsable crea valor, genera un activo intangible en la empresa. De ahí que la RSE no sea un gasto sino una auténtica inversión que:
Mejora la imagen de la marca y de la propia empresa
Permite captar y fidelizar a los clientes, o incluso abrirse a nuevos colectivos y posibilidades
Incrementa la influencia de la empresa en la sociedad y disminuye los riesgos de conflictos con la misma
Mejora la relación con otros agentes fundamentales como los sindicatos o los distintos poderes públicos
mejora el clima laboral, la comunicación y la creación de una cultura empresarial propia, fomentando consiguientemente la productividad y eficiencia de los trabajadores y de la propia organización.

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